Tenía que ocurrir. Luego de un trabajo de varios meses durante los que los equipos de diseño de la AFA y de la Liga Profesional de Fútbol se dedicaron a estudiar y plasmar la nueva identidad audiovisual de la LPF, se alcanzó el resultado deseado. Y en este principio de temporada, se lanza el manual de marca de toda la simbología del fútbol de nuestras competencias.
Para entender los parámetros que se tuvieron en cuenta para definir la renovada imagen de la LPF hay que dirigirse a las raíces de nuestra identidad, a la esencia misma del viejo y querido fútbol argentino. Y más allá de la pelota, de la excelencia en el dominio, de los recursos innatos que han caracterizado a todos los futbolistas nacidos en nuestra tierra, existe otro concepto que se suma de forma aplastante a nuestra identidad: la pasión del hincha. En la Argentina, el fútbol es RELIGIÓN. Este deporte está tan arraigado en los aficionados que un resultado a favor o en contra puede manejar el humor social de cualquiera durante toda la semana… Y ni hablar de si toca en suerte una derrota en el clásico…
Esa pasión, ese apego al amor hacia un club, camiseta o -incluso- a la mismísima Selección Nacional, hizo eclosión en el Mundial de Qatar, en donde nuestra gente “reventó” todos los estadios, popularizó cánticos y conquistó -con ese peregrinaje desbordante de fidelidad- a millones de espectadores de otras nacionalidades… Inclusive en sitios tan remotos para nuestra cultura deportiva como India o Bangladesh, países en donde millones de hinchas locales se calzaron la celeste y blanca y salieron a sus calles a festejar todos los triunfos de la Scaloneta. Claro, esa caraterística tiene su punto de partida en nuestras competencias internas; por eso puede verse en cualquier lugar del mundo. El Maradona de ayer pasó a ser el Messi de esta era… Y lo que hasta hace 15 años representaba Brasil a nivel popular en cada lugar del mundo en el que se presentaba, pasó a ser la Argentina, el agitador de corazones propios y extranjeros.
Ya en los Mundiales de Brasil y Rusia se venía perfilando esa tipificación emocional del hincha argentino, faltaba el resultado deportivo contundente y consagratorio. Y en tierras qataríes se alcanzó el Olimpo, allá por diciembre del 2022. La tercera estrella ya era una realidad y la impronta pasional del hincha argentino una nueva carta de presentación identificatoria que se sumaba a la excelencia futbolística histórica del buen trato y la habilidad con la pelota. Algo similar tuvo su mismo correlato en la Copa Mundial de Clubes del año pasado en USA: si bien hubo un nivel futbolístico de excelencia, todos resaltaron el acompañamiento de los hinchas de River y Boca, nuestras instituciones más importantes. “No se puede creer el impulso de los aficionados argentinos… Cada partido de Boca o River son una fiesta, resulta un aporte enorme a esta competencia”, aseguró Gianni Infantino, el presidente de la FIFA, en pleno Mundial de Clubes. Claro, conocedor de la pasión argentina, el suizo había mandado el hermoso trofeo que iba a estar en juego en Estados Unidos para que se exhibiera en el Superclásico entre River y Boca jugado previamente a la Copa Mundial de clubes.
¿O quién puede olvidar la caravana del amor de los hinchas de Racing a Paraguay, para la final de la Copa Sudamericana del 2024? ¿O el éxodo santafesino de los hinchas de Colón también a la capital paraguaya para llenar el Defensores del Chaco en la final de la Sudamericana del 2019? ¿O la marcha de Lanús con más de quince mil aficionados para traerse la Sudamericana del 2025? ¿O los estadios repletos (como el Kempes con Talleres, Belgrano en el Barrio Alberdi, Atlético Tucumán en el norte, Unión en Santa Fe, Rosario en Arroyito o Newell’s en el Parque Independencia, etcétera…) que se ven en cada una de las fechas de nuestro futbol local? Y ni hablar de los Superclásicos entre Boca y River, que duran semanas enteras y no únicamente los 90 minutos del partido…
Toda esa raíz interior que fue semilla en nuestra pampa amada, se trasladó a la Selección. Y de ahí a la internacionalización de la famosa “Pasión Argentina”… No hay como el hincha argentino.
Todo eso se tuvo en cuenta para graficar y representar en una imagen a nuestro fútbol. En su corazón late una figura que trasciende colores y generaciones: el hincha. Es quien le da sentido a cada partido, el que transforma el estadio en un ritual colectivo y convierte la pasión en una fuerza que une y empuja.
Desde esta mirada, el nuevo logo de la LPF rinde homenaje a esa figura central. La silueta del hincha alentando y levantando una bandera sintetiza la unidad, la pasión y el orgullo nacional que definen al fútbol argentino. Así, la LPF se consolida como la liga del hincha, una marca que celebra la unión, la emoción compartida y el sentimiento que nos identifica ante el mundo: la pasión por nuestro deporte de cabecera, por nuestra “religión”. Cada partido es una misa, cada encuentro es un ritual ineludible de sentimientos, cábalas, humores y análisis.
Lo mismo ocurre con el logotipo, que muestra la abreviatura de la Liga Profesional de Fútbol, representando con orgullo y emoción nuestra identidad institucional, que se logra con solidez y claridad visual.
Esta identidad y pertenencia, ligadas al espíritu futbolero criollo, desembocan en la imagen de ese hincha que agita “el trapo” (argot de camiseta o bandera) mientras grita su sentimiento para empujar a su equipo o Selección. La pasión graficada con orgullo único y grito a flor de piel. En definitiva, el hincha encarnando al verdadero protagonista emocional que le da vida a nuestro fútbol.
El mismo emblema oficial en el manual de marca se compone exclusivamente de este símbolo y las siglas LPF, prescindiendo de tipografías adicionales para priorizar una identidad más directa, moderna y enfocada en el hincha. Esta versión sintetiza la esencia de la Liga Profesional de Fútbol: dinámica, cercana y pensada para representar el apego al fútbol argentino en su forma más pura.
La paleta de colores sin dudas tenía que hacer foco en el celeste, azul y blanco, convirtiéndose en parte fundamental del emblema para asegurar una pertenencia total y que, además, sirva en todas sus aplicaciones para asegurar lectura y visualización claras y coherentes. Estos colores refuerzan la identidad y conectan al emblema con los valores culturales y deportivos del país.
Luego de hacer en estos últimos meses un recorrido por todas las imágenes representativas de distintas organizaciones, empresas, clubes, etcétera, se definió que la tipografía fuera con onda futurista, construcción cuadrada, tecno y con terminaciones redondeadas. Su uso es exclusivo en títulos y encabezados y su función es aportar claridad, presencia y coherencia visual en todas las aplicaciones del manual de marca.
Toda esta imagen renovada y puesta en primer plano, representa la voz del hincha, el eco que nace en cada tribuna, el grito que nos une, la emoción que recorre ciudades, rutas y estadios.
Porque éste es el fútbol de la gente, el que se vive en familia, en la esquina, en la popular, en un bar y en la platea. Cada barrio, una pasión; cada camiseta, una historia; cada aliento, una identidad.
En la LPF la pasión también se escucha, se siente y se comparte. Somos hinchada, somos fútbol. La Pasión del Fútbol.





